domingo, 2 de febrero de 2014

El diario de la reina de los vampiros Capitulo 7

El Diario de la Reina de los Vampiros


Capitulo 7: ¿Inmortalidad o Juventud Eterna?. Primera Parte




-¿Cómo te volviste vampiro, Marshall?- preguntó Jake.
El vampiro sonrió burlonamente y sus colmillos sobresalieron de esa sonrisa.
-Esa es otra historia…-
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------

"Tiempo después de la muerte de Finn, la irá de mi padre de desató y una noche, después de la batalla en los Prados de Malvavisco nos atacaron varias criaturas en el búnquer en donde estábamos y cómo resultado al encontrarnos desprevenidos…mi padre tomó a Fionna.
-¡No des un paso más, o le aplasto el cuello!- dijo mi padre, abrazando con su codo el cuello, Fionna soltó un jadeo y un quejido. Me quedé ahí parado como idiota junto a Marceline, Jake y Cake, quienes no dejaban su posición de ataque. Conocía esas miradas en todos nosotros y ya estábamos cansados de perder a más personas queridas, por eso, si mi padre le hacía algo, le saltaríamos al cuello.
-¡Suéltala!- grité, preso del miedo y el pánico.
Todo era una con fusión para mi. El polvo levantado, las personas y otros vampiros luchando contra quienes nos atacaban…pero entonces entendí por que Finn se atravesó ese día entre Marceline y el hacha roja…yo hubiera hecho lo mismo.
Hubiese dado lo que fuese para estar yo entre las garras de mi padre y no ella.
La mirada de Marceline me lo decía todo, ella estaba conmigo. Le arrebataron a una persona querida hacía días, Fionna era su amiga y no le daría pie a mi padre…si es que le podía llamar así. Ya nada me importaba a mí tampoco y supe que Marcy no se portó como una desalmada malagradecida con su padre, El se merecía eso y más.
Yo me encontraba en la misma situación que Finn, pero la respuesta estaba clara. Cualquier movimiento y yo saltaría, incluso si salía herido.
Los ojos brillantes de mi padre refulgían incluso entre todo el caos, se encontraron con mi mirada y luego fueron posados en Marceline, segundos después en su hacha.
-Veo que…estoy frente a la Reina de los Vampiros- dijo con burla.
Ella levantó su hacha y le apuntó. No era la Marceline que vi cuando la convirtieron, no, esa vez la espada le temblaba bajo las manos, ese hacha parecía atada a sus manos, estaba firme. Atenta a cualquier movimiento que lastimara a Fionna.
-Así es- respondió ella con frialdad- Y yo te destierro de Ooo, te irás directo a la Nocheosfera como todos los demás-
-¿Y crees tú que voy a dejar que utilices esa hacha? Ni siquiera sabes cómo funciona- dijo mi padre, apretando más a Fionna.
-La utilizaré como sea necesario- dijo Marceline- Inclusive si tengo que partirte en pedacitos con ella-
Mi padre rió socarronamente, y caminó un poco, arrastrando a Fionna un poco, esta forcejeaba para que la soltara.
-¿Crees que soy un tonto? Sé que tu padre jamás quiso que tuvieras esa hacha en tus manos- luego mi padre me miró- Ni en las tuyas. Son incompetentes para utilizarla. ¡Tan solo véanse! Estás aquí, Marceline, apuntándome con esa cosa para que no mate a la criatura más débil de todas…aunque hay que admitirlo, es una bella humana-
Mi padre acercó su rostro al de Fionna, quien forcejeó con más fuerza y nosotros nos pusimos más alertas.
-Suéltame…-jadeó de nuevo Fionna.
-Me pregunto qué pasaría si hincó mis bellos colmillos en su blanco y fino cuello ¿Eso te molestaría Marshall?- dijo mi padre.
Me tensé por completo. Si era algo que yo y Marceline queríamos evitar a toda costa, no permitiría por ningún motivo que ella se convirtiera en el monstro en el que yo me convertiría. Por eso di un paso al frente, pero Marceline me detuvo del brazo. Me giré a ella y supe interpretar que se lo dejara a ella, pero era Fionna, y por duro que pareciera, ya no estaba Finn para que ella lo protegiera. Al menos ella, ya no tenía nada que hacer…pero yo sí, y no permitiría que mi padre me la arrebatara.
-Hazlo y yo te mato- le dije, entre dientes. Mi padre sonrió con burla.
-¿Y cómo harás eso, hijo?- preguntó, sin borrar esa mirada asesina, pero entonces abrió los ojos, como si se le hubiera ocurrido una idea- Claro…esa es la solución: Esta chica, igual que el otro mocoso, es la razón por la cual ustedes se resistían tanto-
Entonces me di cuenta de que, al menos conmigo, me habían dado en la llaga. Esa fue la razón por la cual también quise detenerlos con Marceline, pero al final no pude, pero no niego que en esos momentos deseaba con todo mi corazón ser un vampiro para defenderla, pero estaba igual que ella: débil, con un corazón palpitante y vivo, sin hacha ni colmillos.
-Tal vez si se vuelve una de los nuestros cambiarías de opinión- dijo, acercado de nuevo sus labios al cuello de Fionna.
-¡Fionna!- soltó Cake, y ese alarido fue suficiente como para que Marceline y yo nos tensáramos más. Avanzamos de nuevo con cuidado y sin perder la guardia, pero mi padre retrocedió arrastrado más a Fionna y ahorcándola más.
-Solo asó podré iniciar un nuevo clan contra la nueva Reina Vampiro, el segundo serás tú Marshall- dijo mi padre- Pero mientras tanto… ¡ESTA CHICA SERÁ LA PRIMERA!-
Entonces cargó a Fionna y comenzó a levarse a toda velocidad, sabía por qué lo hacía: porque el amanecer estaba cerca.
-¡FIONNA!- grité por instinto y comencé a correr, como si de verdad pudiese alcanzar la altitud que habían tomado ya.
Marceline tomo una chamarra con capucha y se la puso, también sabía que el amanecer estaba cerca, tomó su hacha y comenzó a elevarse también, al ras del suelo. Me alcanzó y puso sus manos bajo mis brazos, pronto me elevé con ella.
-¿¡QUE ESTÁS HACIENDO!- pregunté algo desesperado, pero ella me miró con el ceño fruncido.
-¿¡Quieres ayudar a Fionna! ¡Nunca lo lograrás corriendo tras tu padre!- soltó enojada.
Le devolví la mirada y después miré hacia al frente, en busca de cualquier señal de ellos. La noche era despejada y fresca, dulce al olfato y serena al tacto, pero en mi corazón solo la sangre corría con rapidez. Estaba desesperado, y Marceline me ayudaba de la misma manera, porque no le deseaba a nadie el dolor que le había provocado perder a la persona más importante para ella.
No sé cuánto nos alejamos del bunquer, porque la batalla se oía a lo lejos. Dejamos a Cake y Jake al mando, ellos sabrían que hacer, aunque en realidad me importaba poco ya eso. Si participé en la guerra fue por Fionna y nada más.
Pronto, divisamos a lo lejos una cosa que volaba, y conforme nos acercábamos me di cuenta de que no era mi padre. Era un planeador que las criaturas habían robado de toda la tecnología que habían creado los humanos. Un articulo perfecto, delgado pero que volaba tan veloz como un vampiro. Mi padre se hallaba ahí controlándolo y Fionna estaba atada a un poste que servía de binoculares.
Marceline y yo tocamos el suelo del planeador con un fuerte golpe, lo cual hizo que mi padre saltara y dejara el control del planeador para voltear a vernos con cierto susto y burla.
-¡Si quieres hacer un reino de vampiros ven aquí y quítame esta hacha! ¡Así te volverás rey!- gritó Marceline, mientras el viento le pegaba en la cara y su capucha se movía alocadamente, despeinando los pocos mechones de pelo que sobresalían de su chamarra. Levantó de nuevo el hacha, amenazante, pero a la vez desafiante.
-¡Te la quitaré, niña tonta!- dijo mi padre, con desprecio- ¡Y lo haré para recuperar a mi hijo y mi reino!
Entonces saltó sobre ella y comenzó una nueva pelea cuerpo contra cuerpo. Yo, activado por un resorte, corrí hacia donde estaba Fionna atada.
-¡Fionna!- dije, aliviado de que me mirara sorprendida con sus ojos azul celeste. Eso era buena señal, no la había convertido.
-¡Marshall!- soltó sorprendida.
-Tranquila, te sacaré de aquí- dije agitado, y la desamarré tan pronto como pude. No fue fácil, pues entre mis nervios y los sonidos de la pelea mis manos temblaban. Tan pronto como la desamarré me dio un abrazo.
-Tienes que salir de aquí- dijo, casi suplicándome.
-Lo haré- dije, sobre su cabeza, perfumándome con su cuerpo. Luego me separé y la miré son determinación- Pero me iré contigo-
Ambos corrimos hacia el borde del planeador, preparados para saltar, pero lo pensamos dos veces cuando vimos la distancia que nos separaba del suelo, el cual casi ni se veía.
-Después de ti- bromeó Fionna.
Supe que no podíamos irnos así, si nos aventábamos nos mataríamos y no había llegado tan lejos para ello, tendríamos que esperar a Marceline…entonces recordé que estaban matándose ella y mi padre.
Nos distrajo un golpe duro, nos giramos y vimos a Marceline tirada de espaladas, forcejando contra mi padre, tal y como yo me encontraba con el suyo la noche en la que la convirtió.
-¡Te mataré!- dijo mi padre, con rabia- Te reunirás con tu despreciable héroe y tu maldita madre-
Marceline lo pateó en el estómago, pero poco hizo, pues mi padre forcejeó más…entonces yo me le aventé, quitándolo de encima de Marcy. Ambos caímos al suelo y yo rápidamente le di un puñetazo en la cara, seguido de otro mientras el trataba de detenerme. De nuevo fui valiente al atacar a mi padre, pero se me olvidó por completo que aun era humano, por lo que nuevamente actué de manera estúpida.
Vi como Fionna ayudaba a Marceline aponerse de pie y esta garró su hacha más firmemente, lista para cualquier ataque que el papá me pudiese dar, pero aun siendo humano luché con dignidad…hasta que mi padre tomó un tubo y me pegó en la cabeza con el.
Caí bocabajo sin poder levantarme, de repente sentí como algo escurría de mi frente, no fue difícil adivinar que era. Entre el golpe y el olor metálico de la sangre, quedé noqueado por un segundo, pero mi vista borrosa fue suficiente para ver qué pasaba.
Mi padre arremetió de nuevo contra Fionna, pero Marceline se puso en frente, defendiéndola como yo debía hacerlo. Mi padre le tomó el hacha y la jaló un poco de ella, pero Marceline la tomó con más fuerza. Aunque mi padre y Marceline eran vampiros, la fuerza de ambos no era igual, y él le ganó a Marceline, además estaba cansada y herida de la pelea anterior. La empujó con el hacha y ambas cayeron al suelo.
Al parecer Marceline también se golpeó la cabeza, pero lo que me quitó más el aliento fue que casi le cae el hacha en la cabeza, afortunadamente solo cayó a su lado, enterrada en el suelo del planeador.
Mi padre aprovechó que me había sacado del combate y que Marceline estaba cansada y herida y tomó a Fionna de los hombros.
-¡Te toca a ti, preciosa!- oí que decía, Fionna trató de buscar un arma, pero la única que había era el hacha de Marceline, lamentablemente se hallaba a metros de ella y mi padre le bloqueaba el paso.
Mi papá la tomó de los hombros, Fionna en un último intento lo pateó en el estómago, consiguiendo que papá retrocediera y que ella cayera de espaldas. Mi padre, furioso, se reincorporó nuevamente, esta vez con un aspecto salvaje y sus ojos más rojos que nunca. Sabía lo que iba a hacer: le iba a saltar al cuello.
Esa mirada asesina fue suficiente para darme cuenta de que si no me ponía de pie iba a perder a la persona que más me importaba…no sé de donde saqué fuerzas, porque de un momento a otro me puse de pie sin tambaleos.
-¡NOO!- grité, desesperado.
Mi padre saltó con agresividad hacia el cuello de Fionna…e hice lo mismo que Finn…me interpuse entre ambos.
Mi padre hincó sus filosos colmillos en mi cuello en vez que en el de Fionna. De repente me encontraba sumido en un dolor agudo, la herida me quemaba y el ardor por mi sangre no tardó en esparcirse.
-¡MARSHAAALLL!- no sé quien fue la que gritó, pero su voz parecía tan desesperada como yo hacía un rato.
Solté un grito desgarrador y me lamente en hacerlo, pues la garganta parecía que se me cerraba cada vez más, mi corazón latía a un ritmo peligros y podía sentir como mis huesos se endurecían. Creo que mi padre no se dio cuenta que me estaba mordiendo a mí, pues se hallaba en su ritual, igual que en Marceline…alimentarse de dos seres humanos aparte de todo. Eso es jugar sucio.
Sentí un duro movimiento, parecido a un golpe, pero no iba dirigido a mí y luego ya no estaban los colmillos de mi papá, eso podía sentirlo.
Caí de rodillas, agarrándome el cuello y con la vista completamente borrosa, estaba mareado, pero alcancé a ver como Marceline golpeaba a mi padre, este tomó impulso, pero al hacerlo me tiró a mí por el borde del planeador. Al final terminé cayendo al vacío.
-¡Marshall!- oí que gritó Marceline cuando me vio caer, pero después mi padre debió haberla golpeado.
-¡MARSHALL!- otra voz resonó en mi cabeza, no era de Marceline…sino de Fionna, quien de seguro se había acercado al borde del planeador y me veía caer, oí como el sonido de mi nombre se hacía más lejano y después divisé una figura que caía hacia mí. Estaba quedándome inconsciente, por eso solo veía una mancha negra y como se acercaba más y más a mí.
Lo primero que sentí fue más calor, incluso al caer en picado…luego un color ámbar en mi entorno, sonreí un poco: era el amanecer. Al menos moriría sintiendo ese calor en mi cuerpo.
Lo siguiente que sentí fue otro contacto, algo me tomaba fuertemente de los hombros y parecía que lloraba…para entonces yo ya tenía los ojos cerrados, pero no estaba del todo inconsciente aún.
-¡Marshall!- oí que de nuevo mi nombre se repetía, pero con un tono de desesperación más cercano…entonces me di cuenta de que no era algo lo que me tomaba en el aire…era Fionna.- ¡Marshall ¡Despierta Marshall!- lloró.
Cuando caí debió haber saltado al vacío junto conmigo. Quería ver sus ojos por última vez, abrazarla y decirle que yo la protegería de la misma muerte o avanzar el proceso de conversión para volar como Marceline y sacarnos a ambos de la caída…pero no. Ahí estaba yo, cayendo a Dios sabe cuántos metros, semiinconsciente, con la sangre derramándose por la mordedura de mi padre…junto a la chica que más amé.
Sabía que a Fionna no le importaba si moríamos en cuanto tocáramos el suelo, pero a mí tampoco me importaba, si moría con ella ¿Qué más daba?
-Fionna…-logré articular débilmente, y como pude dirigí mi mano a cualquier parte de su cuerpo. Quería un poco de su calor, ya que el mío estaba por desaparecer, sentí como se aferraba a mí y sollozaba con más fuerza.
De seguro solo nos faltaban unos cuantos metros para morir…
Lo siguiente fue algo más suave y de repente sentí como ya no caíamos…sino que nos elevábamos.
-¡Marceline!- oí que Fionna decía. Me sorprendí, nos había salvado de la caída, pero ¿Y mi padre?
Luego sentí algo más firme y duro en la espalada, no el golpe que esperaba, sino que era algo húmedo y me hacía cosquillas en la nuca. Sentí como me elevaban la cabeza y luego como estaba recargado en algo suave.
Marceline nos dejó en las praderas, y Fionna aún lloraba, esta vez no porque fuésemos a morir, sino porque acepte un destino del que yo me negaba por ella.
-¡Marshall!- lloró Fionna y me pegó a su pecho- ¡Marceline haz algo!- le suplicó.
-Lo siento, Fionna…- dijo Marceline, sintiéndolo.
-¡Por favor!- rogó la otra.- ¡Se puede hacer algo!-
-El veneno ya está casi completamente esparcido, si le trato de chupar la sangre infectada se quedará con un mínimo y será peor- explicó Marceline.
Fionna lloró más. Quería gritarles que hicieran lo que fuera por no dejarme como vampiro, pero de mí boca no salían nada más que jadeos y gemidos de dolor, pues aun me ardía todo el cuerpo. Me aferré con fuerza a algo suave, era la camisa de Fionna. Hubiese dado lo que fuera por ser más fuerte.
-¿Por qué no me permiten que yo me haga cargo de él?- una voz masculina me sobresaltó y supe quien era. La pelea no había terminado ahí.
Mi papá flotó hasta delante de nosotros, nos siguió, era lo más seguro. De repente sentí un odio repentino hacía papá y me molesté con Marceline por no haberle cortado la cabeza de una sola vez…
-Maldito-murmuró Marceline, no fue difícil imaginármela como agarraba su hacha y la apuntaba hacia él.- Te mataré yo misma…-
Lo siguiente fue un duro golpe en la cabeza, Fionna me había soltado. Corría hacia Marceline y le arrebató el hacha, luego la empujó…esa era su pelea.
-¡Yo seré quien te mate por haberle hecho esto a Marshall!- dijo Fionna.
"¡No! ¡No! ¡No!", pensé "No Marceline, quítale el hacha. Evita que haga algo estúpido."
-Olvídalo…-dijo Marceline, reincorporándose. Giré u poco ante la escena, mi vista seguía nublada, pero me di cuenta de todo lo que pasó…ojala no hubiera sido así.- Lo enviaré a la Nocheosfera, junto con papá- mi padre rió con burla.
-Hazlo, esta chica tiene tu hacha…- sonrió mi padre, maliciosamente.
-No necesito el hacha…- dijo Marceline, sonriendo de medio lado.
Junto sus manos, y tal como lo hizo la primera vez, abrió el portal directo a la Nocheosfera. Las ventiscas y el calor ardiente del infierno hicieron que sintiera más miedo. De seguro Marceline ya lo estaba mandando y mi padre ya no tenía escapatoria. Vi como era arrastrado por la Nocheosfera, su aspecto de terror e impresión al ver que Marceline la abrió de su palma…pero su corazón cegado seguía ahí. Pudriéndose.
-¡No!- gritó Fionna- ¡NO TE IRÁS SIN RECIBIR LO QUE TE MERCES!-
Dije al principio que lo que mató a Fionna y a Finn fue su valor…y así fue.
Fionna le saltó encima, pero mi padre aprovechó para no dejarme felicidad, entonces la tomó fuertemente de la muñeca y tiró de ella. Fionna tiró el hacha en un intento de zafarse, pues la Nocheosfera la iba a absorber a ella también.
-¡NOO! ¡FIONNA!- oí que Marceline, gritó. Mi vista se volvió más clara en ese momento.
Vi como mi padre la tomaba del cuello y luego se dejaba arrastrar por la Nocheosfera…
-¡FIOOOOONNNNAAAAA!- grité con todas mis fuerzas y el dolor que pude…esa fue la última vez que vi los ojos azules de Fionna.


(Créditos: DN164)

No hay comentarios:

Publicar un comentario